
Los tíos de la vara.

Después de varios días observando,
tanteando, y probando suerte en diversos lugares, nuestros amigos se decidieron
finalmente por un lugar en concreto para su siguiente salida de pesca, les gusto la zona,
las posibilidades que intuían que podía ofrecerles, sus características, la
actividad que presenciaron, en definitiva, un cumulo de sensaciones que les
llevo al convencimiento y firme intención de probar suerte en dicho punto y
decantarse por él.
Finalmente llegó el día tan
ansiado, ya cargados todos los trastos en el coche, emprendieron el camino, aún
no había amanecido cuando ya se encontraban allí, sin más vueltas ni
miramientos, se apresuraron a ir montando los equipos y preparando los diversos
montajes y cebos que iban a utilizar en la sesión.
El grueso del cebado, como dejábamos
constancia líneas atrás, ya lo habían realizado días antes, así que solo
optaron por un cebado menudo y ligero, a modo de mantenimiento, limitándose a
una pequeña cantidad de boilies, micropellets y mallas de pva.
Disparada la adrenalina de una
captura tan temprana, con el añadido de ser además una muy buena captura, aún
estaba presente la emoción que palpitaba en sus palabras, al conversar de la
picada.
Ya se habían quitado un peso de
encima, ambos habían logrado tener
alguna picada, y aún quedaban algunas horas por delante para poder incrementar
el número de capturas, y así fue, pues no había pasado ni una hora cuando Revi
tenía dos nuevas presas en su haber, dos preciosas carpas de 8 y 11’250 kilos
respectivamente.
Quedaban ya las últimas horas de
luz, cuando los compañeros se dispusieron a cambiar montajes y variar la
ubicación de alguna caña, esperando finalizar la sesión con alguna última
captura.
Y dicho y hecho, cuando parecía
que se marcharían ya sin una nueva picada, una de las alarmas de Juanan quiso
dejar claro que no estaba de acuerdo con ésta posibilidad, avisando que una
picada estaba teniendo lugar en ese preciso momento, mientras, Revi esperaba sacadera
en mano a que su amigo acercase el pez a la orilla para poder introducirlo en
ella, finalmente lo lograron, tras las mallas de la sacadera se escondía una
batalladora y bonita carpa de 7’5 kg, y cuando aún estaban desanzuelando al
animal Revi tenía que correr como alma que lleva el diablo pues una de sus
cañas era la protagonista de la última picada de la noche, una arrancada
espectacular, que tras una buena lucha, se convirtió en una gratificante pieza
cobrada, un ejemplar de carpa muy digno y con un peso de 10’5 kg. Sin más,
comenzaron la tarea de desmontaje de campamento base y trastos mil, con la
satisfacción del trabajo bien hecho, y la más que aceptable recompensa.
Y así dieron por concluida ésta
magnífica escapada entre amigos, un fantástico día lleno de amenas y
entretenidas conversaciones e intercambio de impresiones y opiniones, y de
grandes capturas, ni que decir tiene que no tardaran mucho en cargar nuevamente
trastos en el coche y otra vez a dar guerra a pie de orilla, solo me queda darles
la enhorabuena por los peces conseguidos, y el buen trato dado tanto al entorno
como a las propias capturas, en cada una de sus salidas, y por último y no menos
importante, las gracias por tener a bien compartirlo con todos nosotros, hasta
la próxima……
Aunque no habíamos
empezado con buen pie, nada de lo sucedido pudo menguar nuestro entusiasmo y
ganas de pasar una jornada fantástica, así que tan pronto como llegamos nos
apresuramos a montar los equipos, pues quedaba muy poco tiempo de luz..jpg)
Después de sacar la
línea con el barco cebador decidimos esperar despiertos un rato junto a la
estufa, hacía mucho frío pero eran continuos los saltos en el agua y creíamos
que una nueva picada no tardaría en sucederse, decidimos acostarnos de nuevo ya
que no había picada alguna, y justo cuando no habría pasado ni un cuarto de
hora, una impresionante picada tiene lugar en la misma caña del Chato, que unas
horas antes había logrado sacar un gran barbo, esta picada era mayor y todo hacía
pensar que la captura sería muy buena, pero al poco tiempo de clavar la línea
parte y nos quedamos con la miel en los labios. Aún quedaban unas cuantas horas
para amanecer y recoger, pero ya no volveríamos a obtener ninguna otra captura,
tan solo una picada en las cañas de LuisFer que enseguida se soltó, y por el
peso apuntaba a otro carpín, y es que habíamos sacados bastantes ejemplares,
cosa que nunca nos había pasado en el lugar, pero en ésta ocasión quisieron
picar tanto ellos como algunos barbos, no logramos engañar a ninguna carpa esta
vez.